domingo, 18 de enero de 2015

Fredy Villarreal: “Un cómico no puede derrocar a un presidente”

El actor cómico se multiplica en distintos papeles y caracterizaciones en Casa fantasma. Qué dice sobre la temporada más competitiva de Carlos Paz.
 

Por los camerinos de Casa fantasma corre un aire de triunfo y felicidad. Caras contentas y energía positiva dominan los pasillos entre los integrantes de una obra que lidera la tabla de recaudaciones. Pero esta sensación de bienestar que invade todo parece no confundir ni marear a quienes capitanean el barco de este éxito.
“No me gusta ponerme el casete, pero estoy más que feliz sabiendo que uno vive de lo que ama, teniendo salud y pudiendo laburar todos los días. Y si encima tenemos éxito, mejor”, arranca Fredy Villareal dejando bien claro que el suceso no se mide en entradas.
Luego de ganar la temporada pasada el premio VOS como actor de reparto, este año Fredy parece seguir consolidando su carrera y va en busca de la estatuilla de mejor actor. “Me encanta estar nominado como actor, de un tiempo a esta parte me he esmerado en demostrar con mi laburo más que con palabras, arriba desde escenario. Uno se puede poner una máscara e imitar a alguien de la misma manera que uno puede actuar y desarrollar un personaje”, explica.
Más allá de los distintos personajes, caracterizaciones e imitaciones que Villareal desenvuelve en la obra, su gran trabajo actoral esta temporada radica también en llevar los hilos de la historia, luciéndose pero también haciendo lucir a sus colegas. “De eso se trata el trabajo del actor. Haciendo una analogía futbolera, a veces no siempre el mejor jugador es el que más tocó la pelota. Es el que tal vez se llevó la marca y generó el espacio. Acá tengo la pelota, pero también me gusta tocar”.

–¿Cuál es el desafío más grande en tus papel?
–Priorizar la historia. Yo quiero que el que salga del teatro se vaya con la idea de que acá se le contó una historia, más allá de que hay ruptura de cuartas paredes, yo tengo que manejar el vilo. No puedo entrar a cada escena como si fuese mi casa. Tengo que hacerle a la gente creer el cuento.
–¿Mantener el vilo significa no irse por las ramas en la improvisación?
–Claro, justo estos días hablamos con Emilio sobre una escena que está resultando extremadamente graciosa, pero veo que nos estamos yendo de la historia. Es muy seductor el momento de la risa para el actor, pero es muy peligroso. A veces hay que sacrificar la risa por la historia. Incluso es una cuestión de solidaridad con el otro actor que viene en la próxima escena: si dejás algo que se fue de la historia le estás condicionando su laburo.
–Compartís escenario con Lizy Tagliani, nominada a revelación en los Premio VOS.
–Es loco, porque más allá de su personaje ella termina siendo quien es en la vida misma. Cuando se juntan con Emilio, de alguna manera reviven ese humor rioplatense de revista, el del doble sentido.
–Revista que ha sido desplazada por la comedia en Carlos Paz.
–Creo que es una renovación. Si bien soy un tipo clásico, me parece que hay que actualizarse todo el tiempo. Con lo único que la han pegado y será siempre igual es ¡un buen sacacorchos! El resto debe siempre actualizarse.
–Van primeros en la temporada y, salvo con Flavio Mendoza, no han tenido polémicas.
–Dicen que vamos primeros, pero yo no le doy mucha bola. Detesto las peleas entre colegas. Los noteros de chimentos me esquivan, porque no sirvo para eso, yo realmente deseo que las obras y los productores tengan el público que se merecen. Que ese merecimiento vaya de la mano de la dedicación que le pongan al trabajo. Si te rompiste el culo, te merecés un buen público.
–¿Hay público para todos en la temporada?
–Hay muchas obras, pero depende de la ambición de cada uno lo que consideren que les vaya bien o no.

Baile breve
En la última edición del “Bailando”, el paso de Fredy Villareal por la pista duró un suspiro: algunos problemas de salud y duelo telefónico mediante, quedaron eliminados con Fátima Florez en la primera gala. “El paso duró menos de 24 horas, aunque por ShowMatch fue de un año. Si bien el balance es más que positivo, porque hice lindas caracterizaciones, como la del Papa o Ramón Díaz, no me gustó irme en esas circunstancias, fue raro, difícil y no supe manejarlo tampoco”.
–La pareja era superpotente, ¿qué pasó?
–Entramos en una competencia que estaba superinstalada en la que todos los participantes estaban recontra curtidos y nosotros éramos muy nuevitos. Me hubiese gustado bailar en condiciones de salud potables y sobre todo bailar con la máscara. La coreografía estaba preparada para el fastidio de Mario Pergolini levantando a Susana Giménez. El cuadro era buenísimo y lo que venía era extraordinario, queríamos hacer bailar a Lanata con Cristina en un aquadance por ejemplo.
–Se viene un año muy politizado. ¿Te das cuenta del poder que tenés al imitar a un político?
–Soy consciente, y Fernando De la Rúa es el mejor de los ejemplos. Un cómico no puede derrocar a un presidente: si la gente no tiene para comer y está sin laburo, es la gente la que lo hace. Puede inducir tal vez, pero si la gente se mete la mano en el bolsillo y tiene plata, por más que el cómico trate de bajarlo, no va a poder. Y a la inversa también, no se puede hacer a alguien bueno si no lo es. Es verdad que uno deja una editorial, pero la gente decide.
–Se habla del “efecto ShowMatch” en el que los políticos no debaten ideas y se interesan en cómo aparecen en el programa, ¿qué opinás?
–Creo que deberían hacer las dos cosas, debatir e ir a ShowMatch. El problema no son los imitadores, son ellos que no cuentan sus ideas.
–¿Te viste superado en algún momento por el mundo de la política?
–Sí, por momentos me supera. Yo iba a ser uno de los cómicos de Lanata, pero le dije que no. Me insistieron mucho y les escribí una carta explicándoles por qué no. Noto que la sociedad está muy binaria en cuando a aprobación y desaprobación, no hay tonos pasteles. Es como en el fútbol: si vos sos de Boca y yo de River no podemos conversar. Si entraba en un programa que no era de humor, que era informativo, iba a tener una bipolaridad en mi público. Hoy se divide todo en oficialista y no oficialista, y me parecía una picardía perder ese 50 por ciento de gente que iba a pensar que porque estaba con Lanata no le gustaba más lo mío. Es lamentable lo que pasa, pero prefiero no meterme en política
–¿Y cuando hacés “ShowMatch”?
–Es distinto, porque voy a estar muy celoso en qué personajes voy a hacer.
–¿Tenés margen para decidirlo?
–Sí. Yo tengo ya mucha confianza, son muchos años. Al margen de elegir, porque me siento en condiciones o no de sacar a la imitación, trato de buscar un equilibrio entre los personajes, para no herir susceptibilidades. Soy totalmente apolítico.
–¿Está cerrada tu participación el año próximo?
–No lo tengo decidido aún, me estuvieron sondeando, pero tengo ganas de hacer una película y meterme a producir mi propia obra teatral.
–Estás siempre en varios proyectos, ¿sentís que debés reinventarte siempre?
–Todo el tiempo. Primero me considero guionista, después me puse a interpretar lo que escribía, después para entrar en radio estudié locución, luego vino Tinelli y también tuve que reinventarme muchas veces dentro del mismo programa: arranqué como camaraocultista y luego empecé a imitar. La diversidad me enorgullece, por suerte no me casé con un solo personaje.
–¿Alguna vez tuvo que ver el cambio con un momento difícil, sin trabajo?
–El actor egocéntrico nunca te va a decir que no tiene trabajo, te dirá que se va a tomar un año sabático. Mentira, no lo llama nadie. Yo la pasé mal cuando vi un futuro poco claro, pero inmediatamente eso me lleva a reinventarme y arrancar con más envión.
–¿Planes concretos para después de a temporada?
–¡Me voy a tomar un año sabático! (ríe).

NOTA: vos.lavoz.com.ar

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